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Pocos barcos han despertado tanta curiosidad y fascinación como el Titanic. Esta nave de leyenda reunía todos los atributos para convertirse en el gran coloso del mar, una obra humana de dimensiones gigantescas, de un lujo sin parangón y con todos los adelantos técnicos que la ciencia de esa época podía aportar. La soberbia del ser humano hizo que la White Star Line presumiera de haber construido un barco insumergible. Descubrir que estaban en un error tendría un elevado precio: la vida de más de 1.500 personas. El hundimiento del Titanic es una de las más grandes tragedias de la historia de la navegación marítima y la que más interés ha suscitado en el mundo, interés que con el paso de los años no decae. Sin ir más lejos, la película "Titanic" se mantiene entre las que más recaudación ha conseguido en la historia del cine y las exposiciones itinerantes que se han hecho sobre este barco, con objetos rescatados del naufragio, baten récords de asistencia de público.

En una época en que no existían las líneas aéreas, cruzar el Atlántico significaba hacer un largo viaje en barco. El nuevo mundo era un gigantesco imán para las miles de personas que buscaban una vida mejor al otro lado del mar, pero no sólo los más humildes usaban los transatlánticos, los negocios entre Europa y América hacían que las clases altas también formaran parte de estos flujos migratorios y exigían para realizar estos viajes dos cosas primordiales que se convirtieron en el objetivo de las navieras: velocidad y lujo.

Una de las compañías que pugnaba por hacerse con gran parte de este enorme pastel era la White Star Line, para ello se centró en las clases más adineradas comenzando la construcción de tres grandes buques que, aunque no conseguirían aventajar a sus rivales en velocidad, serían imbatibles en lujo y confort: la clase "Olympic". En el Titanic, viajar en primera clase era como estar alojado en uno de los mejores hoteles que se podía encontrar en las principales capitales de su tiempo. Las decoraciones de estas habitaciones eran impresionantes, con muebles exclusivos y elementos decorativos de gran valor. Las zonas comunes estaban ricamente adornadas, como la famosa escalera central, el barco estaba equipado con gimnasios, restaurantes de diferentes tipos, ascensores, cafeterías, salas de fumadores, bibliotecas, piscina y un larguísimo etcétera de detalles que preparaban a este barco para entrar en la leyenda y lo colocaban muy lejos de la competencia en cuanto a ostentación se refiere. Tanto en las suites como en las clases primera y segunda del barco el lujo era insuperable para los demás transatlánticos de la época. A todo esto hay que añadir que el principal material usado para su construcción era el acero y que estaba equipado con las más modernas técnicas de seguridad, algo totalmente paradójico si se observa la insuficiente cantidad de botes salvavidas de que disponía el buque. Los compartimentos estaban separados por puertas herméticas que los hacían estancos, una de las razones por las que se suponía que el barco era insumergible.

 

 

Aunque en el viaje inaugural el puerto de salida es el de Southampton, el Titanic hace una escala técnica y el 11 de abril de 1912 parte de Queenstown hacia su primer viaje transoceánico con destino a Nueva York. Los primeros días de navegación los pasajeros disfrutan de los muchos atractivos del barco y el capitán recibe felicitaciones por lo bien que se va desarrollando la travesía. El 14 de abril se reciben varios avisos de barcos que han divisado bancos de hielo e icebergs, contrariamente a lo que debería parecer lógico el Titanic aumenta su velocidad y no parece hacer caso de los avisos de peligro. En la apacible y clara noche de ese mismo día, alguien divisa una enorme masa de hielo, el oficial al mando intenta una brusca maniobra para intentar evitarlo, pero el buque choca contra un iceberg abriendo una enorme vía de agua en su costado de estribor. A pesar de los sistemas de compartimentos estancos de seguridad, el daño es tan grande, que condena al barco a un hundimento seguro. El capitán, E.J. Smith, y sus oficiales, sabían que era cuestión de tiempo, de poco tiempo, el orgulloso e insumergible Titanic estaba herido de muerte y había que dar la orden de abandonar el barco.

Si el accidente del Titanic está considerado como un desatino por parte de las personas que dirigían el barco, la operación de salvamento lo fué aún más. Además de no haber suficientes botes salvavidas para la tripulación y el pasaje, los primeros botes fueron arriados con un número ridículo de personas, en su mayoría mujeres y niños. A este auténtico desastre se suma la inmoral decisión de salvar preferentemente a los ocupantes de los camarotes de primera clase, dejando prácticamente condenados a morir ahogados a aquellos pasajeros que viajaban con los billetes más baratos. Horas más tarde, ya 15 de abril, el Titanic se hunde llevándose consigo a todos aquellos que no pudieron bajar a los botes. La temperatura del agua, terriblemente fría esa noche, se encargaría en pocos minutos de acabar con la vida de todos aquellos que habían caído al mar. Otro barco inscribiría esta misma noche su nombre en las páginas de la historia, el Carpathia llegó tarde a la llamada de auxilio del Titanic y tan sólo pudo limitarse a recoger a los mas de 700 ocupantes de los botes salvavidas. Sólo un dato positivo podría dislumbrarse en esta terrible tragedia, a partir de este momento, la seguridad en el tráfico marítimo de pasajeros cambiaría radicalmente.

Para la leyenda han quedado imágenes, que a todo el mundo le resultan familiares: el Titanic, con todas sus luces encendidas, en posición vertical, con la popa mirando a un cielo plagado de brillantes estrellas, rodeado de botes salvavidas. Mucho se ha escrito sobre las causas del hundimiento. La literatura y el cine se han encargado de divulgar esta historia con una gran cantidad de datos contrastados y otros no tanto. La avidez con que el gran público recibe cada nueva entrega escrita o filmada sobre el Titanic revela que esta historia tiene algo que la hace increíblemente interesante y que, sin lugar a dudas, es el naufragio más famoso de la historia.

Hisinsa dispone de tres kits diferentes del R.M.S. Titanic de la prestigiosa marca Revell. Las tres están realizadas en plástico y están diseñadas en diferentes escalas y dificultad de ejecución:

 

Ref. 05804 - Escala 1:1200.
Ref. 05715 - Escala 1:400.
Ref. 05727 - Difcultad alta - Escala 1:700.
 


 

 
   
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Hispano Internacional, S.A. NIF A28178945 inscrito en el Registro Mercantil de Madrid con fecha 16 de Julio de 1968, Hoja 13961, Folio 186, Tomo 2283, Inscripción 1ª.