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Schnellboot S-100

Raymond B. Orteig era un filántropo francés nacionalizado americano, dueño de los hoteles Brevoort y de Lafayette de Nueva York, aficionado a la aviación y cautivado por las hazañas de los pioneros del aire, ofreció un premio de 25.000 dólares al primer aviador que fuera capaz de volar, directamente, de Nueva York a París. La oferta tendría una validez de cinco años. Durante estos cinco años nadie lo consiguió. Orteig, una vez finalizado este plazo, lo prorrogó otros cinco años más. En esos momentos, la aviación había conseguido grandes progresos y los adelantos tecnológicos parecía que podrían ayudar a conseguir esta hazaña, corría el año 1926 y un piloto de correo aéreo, Charles Lindbergh, se veía con tablas y con valor para intentar el récord, le hacía falta un avión capaz de conseguirlo.

Lindbergh gozaba de buena reputación como piloto en St. Louis, había volado infinidad de veces entre esta ciudad y Chicago. Convencido de los beneficios que traería a la ciudad conseguir  el premio Orteig se puso en contacto con Harold Bixby, presidente de la Cámara de Comercio de St. Louis, al que convenció para que patrocinara el vuelo con un presupuesto de 15.000 dólares. En ese año la mayoría de los entendidos en aviación pensaban que para lograr atravesar sin escalas el Atlántico era necesaria muchísima potencia y se confiaba sobre todo en los aparatos con varios motores. Esta corriente era totalmente contraria a las ideas de Charles Lindbergh. Su filosofía era sencilla y clara: menos motores, menos peso. No sólo quería un aeroplano con un solo motor, también se oponía, contrariamente a la opinión generalizada, a que hubiera mas de un tripulante en el avión. Su obsesión con reducir peso era tal que prescindió de instrumentos de navegación, incluido el indicador de combustible, no llevaba radio ni paracaídas, ni siquiera luces de navegación. En un último esfuerzo por economizar peso, se diseñó un asiento de mimbre. Todo el peso correría a cargo del combustible: casi 1.700 litros.

Tras muchas peripecias para conseguir el avión y el motor. Hubo que instalarle depósitos adicionales de combustible, que se colocaron entre el motor y el piloto, con lo cual Lindbergh sacrificaría la visión delantera. Su sencilla idea era que no necesitaba ver ninguna ruta durante el vuelo, con tener vistas laterales era suficiente y para ver qué había delante disponía de un periscopio lateral. Con tal configuración estaba claro que el "Spirit of St. Louis", nombre escogido en honor a sus patrocinadores, se había construido con el solo propósito de volar de Nueva York a París sin escalas.

El dia 10 de mayo de 1927, dos días antes del vuelo previo de San Diego a Nueva York, los periódicos del mundo se hacían eco de una noticia que oscurecería, por unas horas, el proyecto de Lindbergh y los esfuerzos de su equipo,  los franceses Nungesser y Coli habían despegado de París con dirección a Nueva York. Más tarde, entre confusas y contradictorias noticias que hablaban del paradero de los pilotos franceses, se confirmaría que éstos no habían alcanzado su objetivo. Nunca más se les volvió a ver. Con este desenlace las oportunidades para Lindbergh permanecían intactas. El  12 de mayo el "Spirit of St. Louis" despegaba de San Diego hacia Nueva York batiendo un récord de velocidad. Ocho días más tarde, Lindbergh despega del aeródromo "Roosvelt Field" con dirección a París. Durante el largo vuelo, muchas fueron las dificultades por las que atravesó el piloto, niebla, formación de hielo, sueño y un terrible cansancio. No en vano Charles Lindbergh realizó en solitario un vuelo de casi 34 horas, recorriendo en ese tiempo unas 3.600 millas, aterrizando sin problemas en el aeródromo de Le Bourget. Allí le esperaba una multitud enfervorizada que aclamaba al nuevo héroe de la aviación. Desde ese instante el "Spirit of St. Louis" se convirtió en un avión de leyenda. Hoy día se le puede visitar en el museo nacional Smithsonian, en Washington, ocupando un lugar de privilegio y siendo una de las atracciones principales.

El Kit

Kit de plástico a escala 1:48.
Número de piezas: 52.
Longitud: 178 mm.
Envergadura: 292 mm.
Nivel de dificultad: medio-alto.
Incluye la figura del piloto (Charles Lindbergh) con la opción de colocarlo sentado en la cabina o de pié al lado del avión.
Cabina detallada con panel de instrumentos.
Tren de aterrizaje altamente detallado.
La puerta puede estar opcionalmente abierta o cerrada.
Motor radial detallado.
Hélices móviles.
Calcas de alta calidad con marcas e imitación de la superficie del fuselaje.
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Hispano Internacional, S.A. NIF A28178945 inscrito en el Registro Mercantil de Madrid con fecha 16 de Julio de 1968, Hoja 13961, Folio 186, Tomo 2283, Inscripción 1ª.